MONSIVÁIS PASÓ POR AQUÍ, LA CRÓNICA QUE YO VI

Publicado: 04/21/2011 en Crónica

(Carlos Monsiváis, entre las innumerables ocasiones que vino a Colombia, visitó el Centro Cultural Gabriel García Márquez, en Bogotá, el 15 de agosto de 2008. Entre el público estaba Óscar Bustos, quien escribió la siguiente nota ligera. Monsiváis falleció el 19 de junio de 2010).

Por Óscar Bustos B.

Carlos Monsivais / Foto tomada de http://www.cadenaser.com

Tiene la mirada viva, la curiosidad y la agilidad mental de un cazador, y al tiempo refleja que los setenta años que cumplió están henchidos de lecturas y de mucho coraje en la toma de posiciones. Está sentado en el centro del escenario (el auditorio del Centro Cultural Gabriel García Márquez, de los mexicanos en Bogotá), atento a las palabras que sobre él pronuncia el presentador (Mario Jursich, subdirector de la revista elmalpensante) mirando alternadamente al público conformado por las más de 400 personas que fuimos a verlo la noche del viernes 15 de agosto de 2008. Hay algo instintivo en su mirada y en los movimientos nerviosos de su cuello, una como concentración felina o de ave de rapiña, y a la vez una disposición gallarda frente a lo que venga. No está ahí como payaso, dará la pelea intelectual con inteligencia y fino humor, pues esas son sus garras o sus espuelas. Es Carlos Monsiváis, a quien su paisano Octavio Paz, tempranamente, en 1972,  definió como “un nuevo género literario“.

Durante las dos horas que duró su charla recorrió la historia de la crónica en Latinoamérica, vapuleó a los periódicos (“los periódicos se sienten al frente de un blog, no de un diario”), lamentó que los periodistas no lean poesía (“que se ha perdido como hábito de formación del idioma”), recordó los aportes de los prosistas del modernismo a la Edad de Oro de la crónica literaria (José Martí, Ruben Darío y Manuel Gutiérrez Nájera), conversó con el público e hizo trizas al presentador, que lució engreído y desacertado en sus apreciaciones: “Responde tú que sabes más que yo“, le dijo ante una pregunta de alguien del público; “Si quieren preguntar, ahí está Mario”, fue de nuevo otro picotazo histriónico que buscó la complicidad del respetable; pero antes le había lanzado este espuelazo, cuando Jursich lo interrumpió en el momento que leía un fragmento de una crónica de Martín Luis Guzmán, el biógrafo de Pancho Villa: “¿Qué piensas tú de los periodistas cercanos al poder?” (el espuelazo fue tan certero que en un sólo segundo el rostro de Jursich pasó del rojo al pálido, no se sabe si por culpa o por vergüenza).

Monsiváis, el gran cronista mexicano, “inventor de un género único, suyo, nuestro y de todos: el ensayo-relato-crónica” (según las palabras de su paisano José Emilio Pacheco), y candidato consuetudinario desde hace varios años al Premio Nobel  de Literatura, exigió a los cronistas asombro ante la realidad y definió a la crónica como la reconstrucción literaria de sucesos o figuras (“la crónica puede hacer lo que se le dé la gana, su meta es la creación literaria, no el registro de las verdades”) y así la apartó completamente del reportaje (“el  reportaje tiene que decir la verdad, se escribe para el momento; la crónica, en cambio, se puede dar lujos de tiempo”).

Recordó que el Mayo del 68 mexicano quedó registrado en las crónicas de  Elena Poniatowska, pero lamentó que en México no haya quedado una sola buena crónica del Movimiento Zapatista (“poesía sí, pero crónica no”), y confió que en Colombia la historia de las FARC permanezca para la memoria en una buena crónica (que todavía nadie ha escrito).

Cuestionó a los periodistas latinoamericanos por hacer de las cifras la única metáfora (“Adoran las cifras como si fueran metáforas”) y humorísticamente citó a algún candidato mexicano que después de decir ‘Yo adoro al 74% de los electores’ se puso a llorar (cualquier parecido con la política colombiana es pura coincidencia). Pero la risa estruendosa del público no se demoró cuando Monsiváis dijo: “El 83% de mi persona no quería levantarse en el día de hoy”.

Así, con la sátira a flor de piel, dijo también que se está abusando de la metáfora con los elementos de la navegación, y recordó a otro gobernador mexicano cuando dijo: ‘Tenemos rumbo, tenemos timón, tenemos piloto, lo que no tenemos es barco’.

De nuestro Gabriel García Márquez dijo que sus crónicas son tan buenas como su obra literaria, “pues él fue el periodista que le dio el tono exacto al género. Después viene Cien años de soledad y arrasa con todo”, es decir que la obra literaria del Nobel ocultó su obra como periodista.

Cronista inmerso en lo popular mexicano (“el boxeo es la metáfora del darwinismo con guantes”; “el mexicano lleva máscara para no denotar que lleva hambre, qué pena”) y latinoamericano (“un narco que dure cinco años en el oficio es un decano”), Monsiváis brilló con su inteligencia y con su sabiduría enciclopédica, y el público lo aplaudió durante muchos segundos. Lástima que en Colombia se nos hayan muerto Arturo Alape y Rafael Humberto Moreno Durán, RH, también cronistas, tal vez los que más se acercaban a interpretar la realidad desde lo popular y con fino sentido crítico: a lo Monsiváis. El autor de la presente nota se sintió huérfano de un cronista así y está dispuesto a poner un aviso en la prensa: “Se busca un cronista monsivaisano a la colombiana, o colombiano a lo Monsiváis”.

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comentarios
  1. Gato pardo dice:

    En paz descanse el señor de las calles.

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